lunes, 8 de abril de 2013

The Cutest 1

The Cutest


JaeJoong no tenía el dinero como para pagar un corte de cabello decente por lo que lo cortaba por sí mismo, y el resultado siempre era: dos mechones más largos a sus lados, un cerquillo irregular y gracioso y la parte detrás demasiado corta.  Su guardarropa, conforme su cuerpo iba creciendo, francamente no recuerda cómo lo consiguió,  un desgastado pantalón de mezclilla ahora lo usaba como bermudas junto a sus camisas a cuadros  que no  podían estar con más arrugas y deslavadas en los codos.

No era el chico más pobre  de Yongsan, porque conocía  quienes debían pedir dinero en las calles para comer, o lavar autos o robar, él al menos tenía un empleo como  mesero en uno de esos clubs nocturnos que se llenaba de todo tipo de personas. El cual estaba en la  parte más oscura  y problemática del distrito, el lugar le pagaba una miseria pero gracias a que vivía con su hyung, al menos podía compartir los  gastos. No se quejaba mucho de lo que tenía, después de todo, la vida le había enseñado que las personas como él no tenían a derecho a aspirar a algo más que  sobrevivir para el día siguiente. El mundo estaba dividido entre clavos y martillos y él, claramente desde que tuvo uso de razón sabía que era solo un pequeño clavo.

Y realmente estaba acostumbrado, pero ese día, se había levantado con una extraña incomodidad en el pecho, que solamente se había agrandado  más cuando vio por primera vez a  aquel joven castaño que  no aparentaba tener más de diecinueve años. Precisamente porque aquel tipo estaba ebrio, abandonado por sus amigos en aquella mesa, y mostraba verdadera soledad en sus facciones, una cara que al joven mesero le deprimió muchísimo. JaeJoong simplemente negó con la cabeza mientras recogía las copas, apenado  por el chico que vestía ropa cara. Podía apostar a que lo asaltarían y su cuerpo estaría tirado en cualquier callejón por la mañana.  Lo que no pudo prever fue que pensar en eso le provocó cierta molestia, y hasta  tuvo un insignificante sentimiento de protección porque principalmente el muchacho de cabello cobrizo le recordaba un poquito a sí mismo. 

Fue por su bolso después de terminar su turno, y fue ahí cuando se dio cuenta  que el adolescente salía tambaleándose del lugar, olvidando su abrigo en la silla. Y hacía mucho frio, se dijo él al verlo.  JaeJoong no lo pensó dos veces, después de todo, su vida actualmente funcionaba por  medio de impulsos, así había terminado enrollándose con su hyung  para conseguir un lugar donde dormir.

 Se despidió rápidamente de su compañera y siguió silenciosamente a ese chico por las oscuras calles. Éste  hablaba en susurros, pero a JaeJoong le pareció que  aún estaba consciente de lo que sucedía a su alrededor, por lo que al menos así podría defenderse por si alguien quería cortarle el cuello luego de haber sacado el grandísimo móvil de última generación para, estúpidamente usarlo como linterna. Cuando decidió regresar al camino usual y dirigirse al departamento de su hyung, el castaño  había caído de lleno al sucio suelo, quizás se había equivocado y no iba tan lucido como esperaba.  Dio media vuelta alejándose pero después escuchó un leve quejido a sus espaldas. Su experiencia le señalaba que siguiera caminando para alejarse, pero sus pies retrocedieron un par de pasos.

«Mierda» JaeJoong mientras regresaba rápidamente hacia el chico, pensó preocupado de nuevo.

¿Estás bien?

¿Te parece que estoy bien? ¿No eres idiota? Me he caído al suelo.

—Por eso he preguntado.

—Desaparece El menor se reincorporó. Caminando hacia la avenida. Estuvo a punto de caer de nuevo pero JaeJoong le sujetó como pudo del antebrazo.

El chico que claramente era más alto, deshizo bruscamente el agarre, pero a pesar de eso, aún  no había logrado equilibrarse,  por lo que parecía que iba darle un buen beso al concreto de la calle, y por última opción se aferró al mayor del cuello, recargando todo su peso en el cuerpo más pequeño.  El otro chico no estaba preparado para soportar esa carga tan sorpresivamente.  El resultado fue que ambos cayeron. JaeJoong sobre el castaño, aulló por el dolor en su trasero. El otro chico se retorció debajo, hasta que finalmente pudo empujarle con fuerza para quitárselo de encima.
 Después se levantó como pudo, tomando su mochila de cuero. JaeJoong  algo aturdido logró ponerse de pie, colgando la suya marca Daebok sobre su hombro.

Patoso —siseó el menor, sacudiéndose los pantalones mientras le miraba con desdén. Pudo notar sus mejillas sonrosadas por el alcohol.

Debes pesar una tonelada. Tú me tiraste al piso.

—¿Me estás diciendo gordo? —Los ojos chocolate le vieron entre molestos y sorprendidos.

—Te estoy diciendo gigantón.

—¿Pero qué--

—Estaba preocupado. Creí que te asaltarían ¿no vives aquí, cierto?  ¿Puedes apagar ese teléfono linterna? Y encima… estando borracho, estas calles son peligrosas y… ¿qué no sabes que cualquier loco, que por cierto aquí hay muchísimos, puede solo acuchillarte por la espalda? Debes tener algo más de sentido común, por favor —Sí cualquier otra persona estuviera escuchando dicha conversación pensarían que era la madre regañando al hijo.

—No me conoces… —susurró el más joven algo sorprendido por notar la preocupación del otro en su voz.

—¿Y? —Se encogió de hombros.

 El castaño a punto de contradecir, cerró la boca al no encontrar las palabras ya que la situación no podría ser más extraña. Decidió  ignorar al chico a su lado que parecía no querer dejar de seguirlo, ambos siguieron caminando hasta la avenida. JaeJoong pidió un taxi, el otro chico, se lo ganó al subirse sin siquiera mirarle ni una vez.

— ¡Pude haber salvado tu vida! —gritó JaeJoong, esperando que el sujeto en el taxi le escuchara.

Pataleó infantilmente al aire.
Por casi una hora, temblando incansable de frio y dando pequeños saltitos para entrar en calor de vez en cuando, esperó a que un taxi pasara de nuevo por la desierta avenida, siendo de la madrugada. Hasta que estuvo completamente seguro que el taxi en el cual se había ido el menor era el último que pasaría decidió caminar hasta casa, maldiciendo por lo bajo.

Se puso el gorro de su sudadera, mientras ajustaba su bolso,  y en ese momento notó algo extraño. Este estaba más pesado de lo normal.  Lo abrió y su contenido le hizo jadear sorprendido.

Libros, una billetera...  Para no tentarse a sí mismo por el impulso de robar el dinero en esta última, tomo uno de los libros con la nuca congelándosele. Éste poseía el logo de una prestigiosa universidad en la zona más lujosa y céntrica de Seúl. No le sorprendió que ese chico fuera alguno de ellos. Mañana podría ir a aquella universidad antes de su turno vespertino para devolverlo, y también para recuperar el suyo.

Cuando abrió la billetera se encontró con una tarjeta de identificación, dirección y todo.  Colgó  nuevamente el bolso en su hombro, intentando leer en la oscuridad. Fue ahí cuando sintió un tirón alrededor de su cintura, y una de esas navajas, que él mismo conocía muy bien, presionando levemente contra su espalda.
Al final, él sería a quien asaltarían. Puso los ojos en blanco.

— ¿Quieres el bolso? Lo siento, pero no es  mío así que debo regresarlo… ¡Hey! — sintió el filo presionar aún más. —Tranquilo. Solo hay libros  aquí, de verdad—. Un brazo rodeó su cuello, el libro que sostenía  su mano cayó  al piso.

Ésto se tornaba peligroso y aún mucho más cuando el sujeto se pegó demasiado a su cuerpo, mucho más de lo necesario para mantenerle inmóvil.  El muy maldito no  solo quería el bolso, este incluso había caído de su hombro hasta sus pies.
JaeJoong se enfureció, tal vez entendía un robo, él sabía perfectamente a lo que la pobreza podía llevarte a hacer pero lo otro no tenía ninguna relación con esta. 

—¡Soy un hoooombre, viejo degenerado!

Aún a pesar de eso, no forcejeó y se dejó hacer, esperando a que el tipo se distrajera para poder tomar la navaja. Lo demás sería más fácil.

El pelinegro lentamente estiró  el brazo que no estaba doblado hacía atrás tan dolorosamente. Le sintió el aliento en la oreja. JaeJoong mordió sus labios, pensando seriamente en levantar su pierna para golpear aquella zona blanda cuando escuchó un frenazo. Su pulso fue aún más rápido ya que reconocería aquella motocicleta que veía a lo lejos en donde sea, incluyendo al conductor.
Quien aceleró ruidosamente, llegó hasta donde estaba JaeJoong y  su acompañante. El pelinegro apenas pudo reaccionar cuando el chico del casco  lanzó un puñetazo, esquivándolo perfectamente a él, hasta la mejilla del hombre mayor, quien cayó a sus pies. El hyung de JaeJoong pateó la mano del tipo con una de sus pesadas botas negras, lanzando la  navaja a varios metros.

—¡Espera, hyung! —JaeJoong le tomó de los hombros  con miedo cuando vio cómo su  compañero sacaba de su chaqueta la automática—. No es para tanto, EunJae.

El menor lo abrazó con fuerzas mientras el pelirrojo  trataba de zafarse para lograr su cometido.  El ladrón aprovechó la pequeña discusión para tomar el bolso que estaba  cerca de él y salió corriendo hacia uno de los callejones. EunJae le persiguió aventando su casco para ir más rápido, incluso levantando el arma, dispuesto a jalar del gatillo.

— ¡Hyung! —JaeJoong apareció agitado, corriendo detrás suyo—. ¿Estás loco? 

— ¿Así es como me agradeces por salvarte? —preguntó el  pelirrojo visiblemente molesto.

—Así es como me preocupo por ti…—JaeJoong tomó su mano, apretándola un poco — Gracias.

—Te estabas tardando demasiado. Estaba preocupado así que salí a buscarte. ¿Y ahora  no sólo te estaban asaltando si no que…?  A partir de ahora yo te recojo del trabajo —siseó EunJae—. Ahora déjame ir a recuperar tus cosas —susurró, buscando con la mirada  algún posible camino por tomar.

—En realidad no es  mío. Lo tomé por error.

— ¿Y el tuyo?

Jaejoong se percató de  algo muy importante. ¿Cómo iría con ese castaño  con las manos vacías pidiendo su bolso de vuelta? — ¡El tiene el mío con mi dinero y mis cosas…! Eish… ¿Cómo voy a recuperarlo?

—¿Qué llevabas allí? ¿Quién lo tiene?

—Un idiota que estaba en el trabajo.

—Ah.

—Mi amada tarjeta de débito —Revolvió sus cabellos con ambas manos—. Y…. y ¿debería ir a buscarlo?

—Puedo buscar a ese imbécil y recuperarlo— Insistiendo, el mayor se encogió de hombros como si no fuera la gran cosa.

—Olvídalo ¿Tú lo que quieres es acción está noche, no? —murmuró sin pensar.

—Sabes que siempre quiero. —Se burló EunJae  por el doble sentido, acercándose amenazante al pelinegro.

JaeJoong le entregó el casco negro al mayor poniéndolo entre sus cuerpos para hacer distancia, evitándose el lujo de rechazarlo directamente, no podría, el miedo era una razón.

—Tengo sueño y estoy preocupado. — Se quejó, con toda la lástima que fuese capaz de dar con su rostro afligido, dejando una vez más, su orgullo de lado.

—Puedo distraerte fácilmente —le susurró al oído, JaeJoong tensó la mandíbula.

Abrazó a su hyung por la cintura, recargándose en el frio pecho—. Quiero dormir, así recuperaré energías ¿está bien? Tengo mucho sueño y estoy asustado.

Apretó sus labios en una línea recta, cuando el pelirrojo  besó su frente, y supo que esa noche se había salvado. Si había algo que había aprendido de su hyung, era que cuando hacia ese tipo de gestos sería porque lo dejaría en paz. Aunque momentáneamente sintió pena consigo mismo,  engañar estaba mal, hacer como que lo quería era algo despreciable… Abrazó  con más fuerza a su hyung. Este lo malinterpretó porque besó sus labios ligeramente.

JaeJoong bajó la vista apenado consigo mismo, deprimiéndose de nuevo.  Ambos regresaron hasta donde se encontraba la motocicleta.  El mayor le puso el casco y le sonrió con sutileza. Antes de subir, JaeJoong  regresó por el libro tirado en la calle.

«Al menos podré regresarle algo», pensó JaeJoong, igualmente ese  niño rico tendría que comprender que no había sido su intención perder sus cosas.
Suspiró no muy seguro de esto último, pero no debía ser tan negativo al respecto. Lo peor que podría suceder es que tuviera que comprarle el libro faltante ¿no? Y la billetera, bueno… algo se le iba a ocurrir para excusarse  del porque faltaba.

— ¿Jae?

—Ya voy —JaeJoong subió, rodeando con un brazo la cintura del pelirrojo.

Se recargó levemente en la espalda del mayor, finalmente podía sentir el cansancio de un día tan pesado. Sus ojos se cerraban. De un momento a otro, le había dado sueño y la sensación incomoda en su pecho aparecía de nuevo. Aquella resignación y pesadumbre no se iba.

Pero ya debería estar acostumbrado a vivir de esa forma. Los cabellos algo largos del otro chico le picaban la mejilla, por él sentía algo de afecto, pero definitivamente no le gustaba de esa forma. No le gustaban los hombres, y para él, era lo más humillante que tenía que soportar.  El fingir esa especie de relación amorosa con aquel chico, todo porque de esa forma tenía un lugar seguro donde estar, donde sentirse protegido. Porque definitivamente valerse por sí mismo no era una opción. JaeJoong, a sus  cortos años de vida había experimentado la verdadera soledad, esa desesperación en que los días eran iguales, el tiempo se detenía y él nunca podría salir de esa pesadilla.
Por lo que absolutamente preferiría mil veces estar con EunJae hyung a  tener que regresar a eso.

Aferró aquel libro con el brazo libre a su pecho.
Cerró los ojos, disfrutando la brisa nocturna,  tratando de no pensar mucho en sus demonios internos. Y después  aunque en motocicleta podía ser difícil, él estuvo a punto de quedarse dormido debido al cansancio de otra dura jornada, durante el camino al departamento de EunJae.

*
*

Despertó exactamente a las cinco y media. Con un dolor de cabeza torturándole,  pero aun así se obligó a tomar una ducha rápida.
Shim ChangMin bebía café con leche y muchísima azúcar, para luego abrir una de esos bocatas empaquetadas del supermercado mientras encendía la televisión. El programa de cocina se trasmitía, mostrando deliciosos platillos coreanos, ChangMin hizo un pequeño puchero mirando de reojo su comida y la del programa. Suspiró, no le vendría mal algo de kimbap hecho en casa.

Tomó dos capsulas suplementarias para la resaca.  Se había pasado anoche, todo por culpa de  Yoochun quien le incitaba a terminarse cada botella de soju qué pedía, alegando que no se cumplían veinte años todos los días. Pero al final de todo el muy infeliz le había dejado por irse con  aquella ex novia que se había encontrado en el club. Ingrato, traidor… necesitaba conseguirse amigos de verdad.

Vistió su chaqueta para salir, mientras consultaba la hora en el reloj colgado en la pared,  luego tomó su  mochila del sofá, justo donde la había dejado la noche de ayer. Se sorprendió al notarla realmente ligera, quizás demasiado.  Tomó asiento rápidamente, abriendo el cierre. La textura, los cierres…

— ¿Qué? —susurró, incrédulo. El contenido del bolso era una camisa negra y gris a cuadros, un anticuado mp3, unos converse desgastados y una billetera masculina de Hello Kitty  «¿Venden esta clases de cosas?», pensó extrañado.

Cuando recordó, lo recordó, sus manos quedaron paralizadas por lo que la mochila en un golpe sordo, estuvo en el suelo. Sus redondos ojos castaños mirando sus uñas mordidas por ese insano habito que tenía.

Este no era su mochila, si bien era de cuero negro, pero cuero de verdad. No era una imitación hecha en Corea como esta y las correas eran más largas. Y su llavero de papas fritas debía colgar  del cierre principal.
Revisó el bolsillo frontal. No. Vacías. No podía ser. 
Definitivamente, estaba en grandes problemas.  Era un estúpido por no haberlo guardado correctamente en algún cajón cuando llegara de obtenerle.

Abrió la extraña billetera, esperando encontrar alguna identificación o dirección. Había seiscientos dólares solamente y una desgastada tarjetita del bar al que había ido anoche, lo que le hizo entender que si hubiese sido un robo no hubiesen dejado aquel dinero.  Buscó en el pequeño cierre, encontró  una foto en polaroid  a la mitad. Le pareció haber visto esa cara antes, era el chico que había estado molestándolo anoche.  Así que él se había quedado con el bolso del irritante sujeto, sí. Tenía que encontrarlo.

Debía llamar a YooChun, él tenía que saber la ubicación. Pero entonces recordó que su celular… ¿Dónde estaba su celular? ¿El taxi? ¿Dónde?
Arrojó la estúpida e inútil imitación barata,  maldiciéndose a sí mismo,  después ésta chocó contra  aquella lujosa lámpara de diseñador. El caro artículo cayó al suelo, estrellándose de la bombilla.

ChangMin gritó de frustración, llevándose las manos para cubrir su boca.

Recogió la mochila, y  descuidadamente la colgó en su hombro y salió dando un portazo. En el mismo momento, el fuerte estruendo provocado por el golpe de la madera, taladró su cabeza.  Tuvo que recargarse levemente en la puerta, presionando sus sienes en círculos. Hizo una mueca, pidiendo que las capsulas hicieran su función rápido. Apenas podía enfocar bien los números para marcar el código de la puerta y asegurarla.
Decidió usar las escaleras,  en vez del ascensor que podría hacerle sentir aún más mareado. Tardó quince minutos en llegar al estacionamiento, cuando finalmente visualizó su jaguar  plateado y  por un momento de forma paranoica pensó que sus llaves estarían también en su  mochila perdida. Suspiró aliviado, revisando en el bolsillo de su liguera chaqueta. Sus llaves estaban ahí, a salvo.

Tuvo que agradecer solo un poco a YooChun, por llegar ayer a su departamento repentinamente y así no tener que usar su precioso auto. Después de todo era el bebé de ChangMin. Su segundo amor  después de la comida.
Con profunda devoción, el rostro ahora relajado de ChangMin le sonrió tiernamente al hermoso color plata. Cuidadosamente cerró la puerta al entrar al vehículo, aunque arrojó el pedazo de cuero falso al asiento copiloto, la foto de polaroid y uno de los zapatos, salieron accidentalmente de la bolsa.

Su sonrisa se amplió al escuchar el suave sonido del motor. El interior del auto estaba impecable, y aquel relajante aroma a nuevo era el favorito de ChangMin. Sintió un calorcito internándose en su estomago. Su Jaguar siempre le consolaba.
Su humor iba mejorando poco a poco, así como el dolor de cabeza desaparecía. ¿Por qué preocuparse demasiado después de todo?  Solo debía buscar a Yoochun para saber la dirección del lugar y hablar de forma civilizada con el muchacho que debía tener su moldir.

En el peor de los casos, si aquel chico no le regresaba lo que era suyo, bien, ChangMin estaba seguro que él no sería el único que estaría en problemas.  A decir verdad, ChangMin dio un poco de miedo en aquel momento mientras  tantas ideas le pasaban por su cabecita. Su sonrisa se mantenía tensa, sus ojos parecieron mucho más grandes y sus manos apretaron fuertemente el volante. Dio una vuelta peligrosa y rápida,  si no lo recuperaba entonces  no sólo él estaría definitivamente muy muerto. También el pálido chico pelinegro con el corte de cabello criminal que tenía aparecía en la polaroid mugrienta.

                                                                                                                        
*
*
*
— ¿A dónde vas? —preguntó EunJae soñoliento, tallando sus ojos con el dorso de la mano. Era adorable, ¿por qué no solo se enamoraba de él y hacía su vida mucho más fácil y hasta, bueno, feliz?

Jaejoong estaba en la puerta del departamento, a punto de salir. Había puesto especial atención a su cabello, usualmente simplemente lo peinaba un poco con sus dedos y se convencía que le importaba una mierda que los mechones negros siempre se dirigieran a todos lados para desafiar a las leyes de gravedad. Hoy lo había cepillado cuidadosamente, usando un broche morado para atar los mechones más largos hacía atrás.

Sin embargo, no sabía exactamente porque esa mañana había puesto tanta atención a su imagen cuando nunca lo hacía. El rostro de aquel castaño  apareció en su mente  de pronto. Bueno, esa no era la razón, al menos Kim JaeJoong prefería pensar que se debía a que iría a la parte rica de la ciudad, y no quería que la gente lo viera demasiado. Siempre le pasaba cuando acudía allí. Como si fuera algo que la gente tuviera pegado en su zapato, lo miraban con desdén.

—Tengo que salir—pronunció cuando su hyung le abrazó por la espalda, impidiéndole avanzar.


—Quédate, hagamos otra cosa, hermoso.

—EunJae hyung, por favor—Jaejoong se removió solo un poco entre los brazos, entrelazó sus dedos con el mayor y suavemente deshizo el  agarre—. No voy a tardar.

El pelirrojo entrecerró los ojos,  mirándolo mal, enfurruñado. JaeJoong mordió su labio inferior, no le gustaba para nada cuando su hyung se molestaba aunque fuera solo un poco con él. Aquel inmenso miedo a que lo echara a la calle reaparecía cuando veía su rostro enojado.  JaeJoong suspiró, resignado a sacrificarse por la causa. Después de todo era cierto, casi por dos semanas  había estado evitando a EunJae, después de lo que había pasado. Y es que aún no lo podía creer, su primera vez… con él.

— ¿Estás enojado?

— ¿Tú qué crees?,  ¿Qué fue eso de irte a dormir al sofá a mitad de la noche? — preguntó con esa voz aterciopelada—. Y ahora simplemente te ibas sin decirme nada.

—No te enojes, por favor. —JaeJoong respiró profundamente, tomó la mano del mayor. EunJae hizo ademan de soltarse  pero cuando los labios del pelinegro besaron los suyos, desistió inclinándose para profundizar el beso.

JaeJoong tuvo que soportarlo por casi un minuto hasta que EunJae  sujetó su cintura fuertemente, atrayéndolo al interior.
Tomó ambas mejillas del pelirrojo para alejarse, hizo pucheros.

—No quiero que te enojes conmigo, hyung—le dijo algo que por lo menos era cierto.

—Humm…—EunJae sonrió de medio lado, enternecido. Besó la mejilla del menor—. Tienes una hora, ni más ni menos.

JaeJoong rehuyó a esa mirada, resistiendo las ganas de limpiar su boca. Él no podía negar que EunJae era un joven de veinticinco años realmente apuesto pero el problema es que a JaeJoong no le gustaba de esa forma. Lo quería mucho, sí. Pero estaba casi convencido que había algo mal en él que no le dejaba confiarse del todo.

Tomó la deshilachada mochila  de tela colgándola en su hombro.

—Hasta luego… c-ca-ri... ño.

A sí mismo, giró sobre sus talones  mordiendo su labio. No queriendo ver una vez más el rostro del otro chico. Caminó calle arriba  hasta tomar el autobús.
Se sentó muy atrás de este y sacó el libro que regresaría. Pasó sus dedos por la superficie.

—Shim ChangMin —susurró. Recordaba el nombre ya que había leído la identificación.

Los grandes ojos color chocolate  que había visto tan de cerca la noche anterior vinieron a su mente. Negó con la cabeza aturdida por sus pensamientos, guardo el libro rápidamente en la mochila.

Tuvo que tomar dos camiones, tardando  más de media hora en llegar a la zona céntrica de Seúl. Había venido aquí  cuando… alguna vez, si no mal recordaba.  JaeJoong admiraba los grandes y lujosos  edificios, las personas caminaban rápidamente, las calles estaban realmente limpias.  

Todo era tan diferente al lugar donde JaeJoong había vivido siempre, sin embargo se prometió que algún día  caminaría por las avenidas abarrotadas de gente disfrutando del hermoso paisaje de urbanización  sin ninguna de las preocupaciones que tenía ahora.   Recargó su cabeza en la ventana,  reprimiendo un suspiro.  A veces no se entendía a sí mismo, días simplemente quería mantenerse como estaba justo ahora,  engañando a EunJae con sentimientos falsos, trabajar para sobrevivir, solo eso. Después se sentía mal, con ganas de decir ¡basta!

Tomó la mochila, bajando del  vehículo. Según las indicaciones que le habían dado cuando subió al segundo camión, estaba en Seodaemun.   Allí donde se supone la universidad estaría. Caminó un par de cuadras,  distrayéndose un par de veces en las vitrinas de los locales,  viendo las cosas que jamás podría comprar. Dirigió la vista al frente, a lo lejos. Visualizó un enorme edificio un tanto moderno. Yonsei, leyó en las placas de uno de los muros.

Por un momento pensó que no lo dejarían entrar, que le pedirían alguna identificación, pero tantos jóvenes entraban y salían  por lo que se entremezcló  en un pequeño grupo.  Seis iban metidos en su plática, pero uno de ellos no. Casualmente fue con quien JaeJoong chocó por estar  mirando a otro lado vigilando a los guardias mientras caminaba.

—Disculpe —susurró bajito, tratando de pasar desapercibido para finalmente poder alejarse del campo visual de los vigilantes.

—¿Invadiendo el espacio personal de la gente? —YooChun negó con la cabeza, chasqueando la lengua con diversión.

—E-e-h… no es así.

JaeJoong se adelantó como si no lo hubiese escuchando pero el otro chico lo alcanzó rápidamente.

— ¿De verdad, JaeJoong? —Alzó una ceja, sonriendo.

— ¿Cómo sabes mi nombre? — JaeJoong volteó a ambos lados. ¿Por qué ese chico sabía quién era?

—Nunca olvido un rostro y menos uno tan bonito como el tuyo—Bajó la voz—. Menos ese cabello…—Carraspeó sonriendo con los ojos cerrados—. Hablamos  un segundo ayer, en el club, bien en realidad te pedí unas bebidas. Tú uniforme tenía tu nombre. Además no dejabas de ver a mi amigo ¿eh? Incluso mi ex lo notó — YooChun palmeó la espalda de JaeJoong—. Pero no puedes ser tan obvio para venir a buscarlo directamente. Cualquiera diría que estás con intenciones de acosarlo.

— ¡No lo estoy acosando! — gritó en un susurro, intentando no llamar la atención. Se alejó del chico que vestía ropa costosa

—Oh, sí, sí seguro —se rió, guiñándole un ojo de forma cómplice.

—Es en serio —JaeJoong rebuscó en su mochila. Sacando el libro de ChangMin—. Esto es de tu amigo,  él se quedó con mochila, así que vine a que me lo devolviera.

  —Ahhhhhhh.  ¿Ustedes durmieron juntos? — YooChun cubrió su boca, divertido. Vaya que ChangMin habia disfrutado su cumpleaños. ¡Y él que se había sentido tan solo un poco mal por haberlo abandonado en el club sin avisarle! Bien, intentó sentirse culpable.

— ¡Que! ¿Cómo se te ocurre eso? —preguntó JaeJoong escandalizado.

—Oh, vamos… se quedaron con las cosas del otro…

El pelinegro le interrumpió: —Como sea. Necesito hablar con él.  ¿Sabes dónde puedo encontrarlo?

—No tenemos la misma clase   pero puedo llevarte hasta él. Siempre llega a la misma hora,  puntual, siempre, es un maniático del orden— YooChun le sonrió amablemente, por un solo un rápido  instante JaeJoong creyó que era una buena persona—. Haré todo lo que me pidas. ¡Oh! ¡Mi ChangMini ya no es virgen!  ¡Gracias, JaeJoong!

Un instante cortísimo.

*
*
*

ChangMin estacionó su preciado jaguar con mucho orgullo.  Caminó por el estacionamiento para estudiantes a pasos rápidos dados por sus largas piernas.
Hasta que dicha sonrisa desapareció cuando visualizó  a su mejor amigo YooChun sonriendo, mostrando todos sus dientes. Movía su brazo de arriba abajo para llamar sus atención, casi, casi con desesperación.

—¡Aquí, aquí!

Suspiró.
No estaba para esa cosa (YooChun) hoy. Esa clase de expresión siempre aparecía cuando YooChun arreglaba una cita con alguna chica para él.

Pensó en ignorarlo por esta vez, cuando recordó que tenía que saber la dirección del club. ¿Cómo pudo haberlo olvidado?  ¡La chequera estaba ahí!

Tristemente, su herencia estaba dividida en cuatro partes;  diez millones, veinte, veinte y otros diez. Le habían entregado la chequera , con la clave y  firma, la cual ChangMin podría pasar el dinero de la cuenta de su abuelo a la suya. Pasaría otro año para que volvieran a darle otro cheque firmado. Hasta cumplir los treinta años recibiría toda la exorbitante cantidad de sesenta millones de dólares. Por mientras  recibiría un cheque por año hasta alcanzar determinada edad. Todo un fastidio. Y lo peor de todo es que debía buscar al muchacho para recuperar su clave. Solo una vez se le era entregada personalmente, además el abogado de su abuelo se había ido a América, sería casi imposible poder ponerse en contacto con él para pedirle la clave u otra chequera. Principalmente porque no había tenido la precaución de pedirle su número de teléfono o algo.

Se detuvo en seco. ¿Entonces no podría  cobrar  nunca el dinero? ¿O  tendría esperar hasta el año siguiente a que el abogado regresará a Corea para hablarle del incidente?  ¿Qué haría sin dinero por todo un año?

Él recuperaría ese pedacito de papel demasiado valioso, tenía que hacerlo. Era de vida o muerte que lo hiciera  a más tardar, unos tres meses.

Repentinamente una mano en su hombro lo sobresaltó.

— ¡ChangMin-ah! ¡Estaba llamándote!

—YooChun, necesito que me lleves a ese club de nuevo, por favor —. ChangMin pidió con determinación.

Al escucharlo, YooChun  curvó una sonrisa gatuna.

—Ahh que lindos son ustedes. — Murmuró con ternura después, negando con la cabeza, sacudió los cabellos de ChangMin como si fuese un perrito.

— ¿De qué estás hablando? —El castaño le miró como si  se le hubiera zafado otro tornillo.

— ¿Es amor a primera vista, verdad? —YooChun le sonrió orgulloso.  —Creces tan rápido, aún recuerdo  cuando te enamoraste de mi pastel de cumpleaños a los seis años. —Y volvió a reír, pero esta vez abrazando a ChangMin. 

—Estas… Drogado —siseó, zafándose rápidamente de los brazos  de quien comenzaba a tenerle miedo.

—No, no, hoy no— YooChun ignoró el gesto de ChangMin, rodeó con un brazo los hombros del menor, conduciéndolo hacia el edificio más cercano, hasta las bancas del pequeño jardín frente a este.

ChangMin le miraba desconfiado, hasta que volteó  al frente.

—¡Joongie! —gritó con esa gravísima voz que tenía.

ChangMin visualizó a un muchacho pelinegro. Era el chico de ayer.

Soltándose del brazo del mayor, corrió hacia él.

YooChun  apreció aquello enternecido, como  lo más romántico que había visto. ChangMin corriendo hacia su amado quien estaba debajo de un árbol de cerezos.

—Ahh, el amor…

Tantos años había estado esperando a que ese  pequeño ChangMini tuviera una novia, incluso si fuese un chico también estaba perfecto.


*
*

— ¿Y bien?  —preguntó ChangMin, algo molesto.

— ¿Shim Chang...?

—Sí.

JaeJoong desvió la mirada. Los ojos de ChangMin, esos grandes ojos le ponían nervioso si de por sí ya la situación era preocupante. El castaño de verdad parecía desesperado por tener sus cosas de vuelta.

Sacó el libro de su mochila. Entregándoselo al más alto quien lo observó interrogante.

— Falta algo—ChangMin no estaba ni un poquito interesado en el libro, él quería LA mochila.

— ¿Eh? —preguntó. Se alejó un poco, cuando después de preguntar ChangMin se acercó amenazante  a él.

— ¿Dónde está?

—Escucha, yo…—piensa rápido, Kim JaeJoong—. ¿Qué me dices de mis cosas?

—Está en mi auto, sígueme —JaeJoong asintió. Caminando detrás de ChangMin, mientras veía la espalda de aquel alto muchacho sintió miedo. ¿Y si había algo más ahí? ¿Y si esa mochila cuadrada era una de esas que valían miles de wons, como a los ricos les gustaba comprar?  ¿Cómo le pagaría eso?

Su pulso se aceleró. Dio media vuelta, alejándose del castaño unos pasos hacia atrás.

—Hey, ven aquí— siseó, abriendo la puerta de su auto, tomó el bolso de JaeJoong y se lo dio bruscamente—. Dame el mío.

JaeJoong lo apretó entre sus brazos, sintiendo su ropa adentro. Los segundos pasaron sin que ninguno de los dos hiciera algo.

— ¿Qué estas esperando? ¿No lo tienes aquí? Vamos, no tengo tiempo—  apremió el menor.

El pelinegro dio un paso hacia atrás.

—No —suspiró JaeJoong con los ojos cerrados, resignado.

ChangMin lo tomó del cuello de la camisa. — ¿Qué?—Le sacudió fuertemente—. ¿¡Estas de broma, verdad?

— ¡Me lo robaron! — JaeJoong como pudo quitó las duras manos de su cuello—. ¡No fue mi culpa, tú me dejaste solo y te fuiste en el taxi que pedí para MÍ! Después me asaltaron, ¡casi muero! No fue justo. Se llevaron tus libros, tu billetera, ¡todo!

ChangMin le miraba con los ojos totalmente abiertos—. Vamos, di que no es cierto…— susurró.

El pelinegro le miró preocupado de que pudiese estar en shock, un ataque de nervios. —Te lo pagaré ¿está bien?

—Necesitarás toda tu vida, y a siguiente y la vida de tus nietos—murmuró lentamente—. Diez millones. ¿Puedes pagarme diez millones, verdad?

— ¿D-De wons? —Estaba a punto de desmayarse.

—Dólares —Susurró ChangMin mirando a la nada.

A JaeJoong le temblaron las rodillas.


4 comentarios:

Carmen dijo...

Hola exactamente ahorita esta en el capitulo 11??

Kim Yoobin dijo...

Sep. Estaba hasta el 13.2. Pero los corregí y acomodé para volverlos más largos y sin partes, entonces quedaron 11 caps xD

Abigail Villarroel tandique dijo...

Aahhh el amor!!! (Wajajajaj ese yoochun m mato enserio mori)
Ajaja ok es el 1er cap y m encato

LAURA CAMPOS GARCIA dijo...

Tantos problemas ocasionados por una borrachera.

Espero que Min logre rescatar su número y que el ladrón no sepa de que se trata...


Gracias!!!