martes, 29 de octubre de 2013

Oh.



“+”



Las cosas no estaban bien cuando te conocí, lo sabes.  Pero viniste a decirme que debía pensar en ti y olvidar lo demás, lo dijiste  con tus ojos, tu boca, tu respiración, la manera en que mirabas ese primer día. Tú hiciste que cambiara mi horario de clases para poder verte cuando salías a sentarte en esa banca, me hiciste suspirar por la ventana cuando te veía a través de ella. La primera vez que una sonrisa  así de pequeña y espontanea me afectó tanto. Compré muchos libros por que te vi leyéndolos, y de alguna forma tenía que empezar a conocerte.

Con el tiempo todo de ti me hizo, de alguna forma, pensar diferente. De una forma más egoísta, pero también más inocente, más buena. Me hiciste sonreír por cosas que me recordaban a ti, a veces de manera rebuscada,  ilusionarme más por cosas que no tomaba en cuenta antes, como una sonrisa, un apretón de manos, o que enarcaras una ceja y sonrieras al verme a mí.
 Yo en específico.
¿Debería decirte cómo se sintió el pecho de agitado y olvidé el frio de esa tarde cuando pusiste tus ojos  increíblemente cafés sobre mí?

Sucedió esa vez cuando llegué con dos  expresos grandes, mi bufanda cubría casi todo mi rostro, excepto mis ojos.  Tú estabas leyendo  sin prestar atención a tu alrededor, audífonos en tus oídos y mejillas sonrojadas con labios azules y resecos.   No traías un abrigo. ¿Por qué no traías un suéter siquiera?

Estabas esperando  ahí, como todas las tardes,  moviendo tu boca al articular la misma canción.  Podía  saber cual era porque había aprendido a leer tus labios.

“¿Hola?”  Ladeaste tu rostro,  elevaste tu ceja y cerraste tu libro. Yo balbuceé una respuesta ronca mientras extendía un vaso para ti. “Eh, gracias.” Tomaste el café sin cuidado, nuestras manos se tocaron por medio segundo pero supongo que fue suficiente para paralizarme.

Me quedé de pie con el otro café siendo sostenido por mis dos manos, mis ojos fijos en tu piel erizada por la baja temperatura, tus dedos blancos sosteniendo las hojas del libro y con tu otra mano llevabas el café a tus labios.

“Sí, esta bueno. Puedes sentarte.” Me dijiste con esa voz profunda, que parecía tener doble sentido.

Ésta voz hizo que obedeciera y me situara a tu lado.  Pude sentir lo frío que estabas.

“¿Por qué no llevas suéter o algo?” Pregunté, por algún milagro de último minuto mi voz salió cómo  si nos conociéramos desde siempre.

“Para llamar tu atención.” Mis ojos expresaron mi confusión, luego tú  revoloteaste los tuyos y aclaraste: “Bueno, tenía que hacer algo así para que te atreverías a hablarme después de los dos meses viéndome por la ventana.”

Me quedé sin palabras, tú lo sabías.

“¿Creíste que era un vidrio-espejo, hyung y no notaría que me acosas? “ Preguntaste irónico. Por tu apariencia pensé que serías amable, incluso ingenuo,  pero de alguna forma ésta actitud, aunque me sorprendía, me gustó demasiado.

“Um, bueno yo…”

“¿Y qué me venía a leer aquí cómo si no tuviera algo mejor que hacer?”  Tu ceja se elevó más, su sonrisa se volvía algo torcida. Un pinchazo de electricidad recorrió mi vientre al verla. “Me hiciste sentarme aquí esperando a que salieras de la cafetería a hablarme”

 “Pero es qué yo...” Yo soy un chico directo, pero tú me habías superado.

“Vamos, hyung. Tuve que venir todos los días por los últimos dos meses esperando a que te atrevieras a venir  a sentarte conmigo. ¿Vas a dudar ahora?”  Te acercaste a mí, lo suficiente para intimidarme en cierto sentido. Luego entrelazaste tu mano delgada con la mía, dejando caer el pequeño libro a la nieve.
.
“Sabes que soy Changmin y te interesas en mí. Pero debes saber: Qué vamos a comenzar algo que no planeo terminar.”






"Cobarde"

Heeeeeeeeeeeello, Romi al mando (otra vez(?)). 
Vengo con una cosita que escribí hace mucho tiempo. ¿Harán dos años? ¿Más que eso? La tema es que este cosito es especial, porque fue uno de los primeros ffs  jaemin/minjae que escribí;; Tiene todo mi esfuerzo de este tiempo. Está en Lala, tal vez alguna lo leyó por ahí, en uuuuna de esas. Es mío, no se asusten(?). 

¡Ya, ya, ya! No las sigo entreteniendo y las dejo leer. 
P.D.: Es ñoñito, así como todo lo que escribo<3  


Cobarde

jueves, 17 de octubre de 2013

Madness,


Prólogo.


En realidad la ciudad de Seoul, es bella por las luces de  los edificios más que por las estrellas o la luna pero yo esta vez sólo quería encontrar un sitio tranquilo en donde  ver estas luces muertas de gases de helio e hidrogeno  que están  cómo a cientos de años luz de mí.

Hay un acantilado, cuesta arriba del rio Han donde puedes sólo estacionarte  y ser cubierto por un árbol para volverte invisible.  
Cómo este sitio era  algo desconocido no había contenciones que te impídanse acercarte un metro más y morir  por caer desde la gran altura.  Iría a ahí por el resto de la noche. Sonaba a una buena idea, pero antes paré en una cafetería, la única que parecía estar abierta y cubriéndome mejor con el gorro de lana, entré.

La campanita sonó junto con  un recibimiento agradable por parte de la dependiente. El interior era cálido, con luces tenues y este olor a azúcar glaseada, vainilla, café y chocolate que me hace amar este tipo de lugares

Caminé con las manos dentro de mis pantalones recortados hacía la caja mientras observaba directamente el menú de verde  en  la pared. Entonces me detuve cuando alguien sostuvo la manga de mi suéter.

 “Changmin- ah.” 

Ladeé mi rostro porque esa era la voz y esa era su sonrisa y esos eran sus malditos ojos que han sido mi perdición más veces de las que quisiera considerar.  Yo no quería verlos, pero Jaejoong ya estaba  ahí con los brazos hacía mí a punto de abrazarme.  No pude moverme en cuanto sentí la calidez de su cuerpo nuevamente contra el mío.  Su cabello contra mis pómulos  y el perfume, lluvia y cigarrillo  que instantáneamente me hizo recordar aquel día.  Me deshice de ese agarre de la forma más rápida y amable posible.

Jaejoong continuó con su sonrisa aturdidora sin darse cuenta,  sus ojos en media luna sólo me observaban a mí.

“¿Cómo has estado?”  Su mano seguía en mi muñeca, y eso estaba bloqueando en serio la interacción con mis neuronas.

“Bien, sí. Aunque ahora…” Mordí mis labios. “Um, debo irme. Llevo algo de prisa.”

“Claro. No olvides ordenar tu moca de caramelo.” Se encogió de hombros.  Su mirada había bajado a sus pies mientras apartaba su mano. Yo suspiré y asentí.

Él sacó su celular del  bolsillo cuando  recibió la llamada,  y yo aproveché esto para avanzar a la caja y pedir, en efecto, el moca. Jaejoong estaba espaldas a mí y yo podía sentir sus ojos atravesándome mientras hablaba con alguien más.

Al recibí mi orden, un par de minutos después, las campanillas de la puerta se escucharon. Me dí la vuelta con una parte de mí queriendo qué Jaejoong aún estuviera esperándome afuera y entonces, sí, ahí. Recargado contra su coche, tecleando hábilmente algo en su móvil con una mano  y la punta de la lengua entre sus labios.  Con la derecha sostenía su americano,  sus dedos índice y anular sostenían un cigarrillo ya encendido.

Mis pasos hacia la salida fueron pesados, al igual que la sensación brumosa en mi pecho. Pero no dolía. Era como si me hipnotizara de nuevo la simple imagen de  todo él. Su figura, la silueta del humo de cigarro contra sus dedos, el brillo de su cabello rubio hacía atrás. Incluso sus ojeras, y la palidez de su rostro me atraían.  

Me acerqué, él levantó la mirada directamente hacía mi y sentí como los ojos se me nublaban y olvidaba absolutamente todo el enloquecedor daño que Jaejoong siempre me hacía.

"Hyung..."

“¿Éstas libre, pequeño?”  Sonrió, me veía cómo si yo fuera el principio de todo, cuando era precisamente él quien terminaba conmigo siempre.

Y después de eso yo tendría que tomar mi tiempo para recuperarme sanar y volver a extrañarlo. Entonces el regresaría por su dongsaeng, el circulo vicioso era así. Yo lo había aceptado esa noche del 2011 y esta noche también lo aceptaba.